Publicado el 09/06/2025 por Administrador
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En un discurso enérgico y cargado de simbolismo, el presidente francés Emmanuel Macron dejó clara su postura en la apertura de la tercera Conferencia de la ONU sobre los Océanos, celebrada este 9 de junio en Niza. “Las profundidades marinas no están a la venta, como tampoco lo están Groenlandia, la Antártida ni la alta mar”, sentenció ante líderes de más de 60 naciones.
Las palabras de Macron fueron interpretadas como una crítica implícita a las políticas extractivistas de potencias como Estados Unidos, que han mostrado interés en explotar recursos naturales en zonas remotas del planeta, incluyendo territorios polares y fondos oceánicos aún vírgenes.
“Antes de precipitarnos a Marte, conozcamos a nuestro mejor amigo: el océano”, dijo el mandatario francés, en referencia a la creciente inversión en exploración espacial frente al abandono de los ecosistemas marinos que sostienen la vida en la Tierra. Su llamado fue claro: priorizar la protección del planeta azul sobre ambiciones extraplanetarias.
El secretario general de la ONU, António Guterres, respaldó con fuerza la intervención de Macron. Advirtió que los océanos corren el riesgo de convertirse en un “nuevo Far West” si no se implementan marcos legales sólidos y urgentes para evitar una explotación descontrolada de sus recursos.
En ese contexto, uno de los principales focos del encuentro fue la ratificación del Tratado sobre la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de Jurisdicción Nacional (BBNJ), también conocido como Tratado de Alta Mar. Macron anunció que ya se han alcanzado las primeras 60 ratificaciones necesarias para su entrada en vigor, aunque países como Brasil y Argentina aún están en proceso de aprobación legislativa.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, tomó la palabra para comprometerse a ratificar el tratado antes de finalizar el año y alertó sobre “una carrera depredadora de minerales en los océanos”, que podría agravar la crisis climática y socavar décadas de esfuerzos por la sostenibilidad.
Entre los temas clave debatidos en la cumbre se encuentran la protección del 30 % de los océanos para 2030, el fortalecimiento de la lucha contra la pesca ilegal, la gestión sostenible de la minería submarina y la implementación efectiva de áreas marinas protegidas. Actualmente, menos del 3 % de los océanos del planeta gozan de protección real.
Organizaciones como Greenpeace, presentes en la conferencia, celebraron el avance diplomático, aunque advirtieron que “los tratados no bastan si no se traducen en acciones concretas y fiscalizables”. Recordaron además que la historia está llena de compromisos ambientales que no se han cumplido.
El mensaje de Macron fue bien recibido por gran parte de la comunidad internacional, especialmente en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales. Al declarar “no están a la venta”, el presidente francés no solo defendió la soberanía ambiental, sino que intentó colocar nuevamente a Europa a la vanguardia de la diplomacia ecológica global.
La Cumbre de los Océanos de la ONU en Niza cierra esta semana con la esperanza de que el impulso político se traduzca en acuerdos vinculantes, financiación efectiva y cooperación multilateral. Los territorios extremos del planeta, como Groenlandia y la Antártida, no son simples mapas por conquistar: son baluartes de equilibrio ecológico que aún pueden salvarse.