Publicado el 17/07/2025 por Administrador
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En un frente diplomático poco común, México y China han unido voces para rechazar las recientes declaraciones y políticas del expresidente estadounidense Donald Trump, quien responsabiliza a ambos países por la crisis de fentanilo que azota a Estados Unidos. La respuesta conjunta no solo marca un momento de firmeza diplomática, sino que también pone en evidencia un cambio de postura frente al liderazgo estadounidense.
Trump, en su intento por capitalizar el descontento popular ante la epidemia de sobredosis por opioides, firmó la nueva “Ley HALT al Fentanilo”, que establece penas mínimas de 10 años de cárcel para traficantes y contempla la imposición de aranceles del 30 % a productos mexicanos y del 20 % a los provenientes de China si no “colaboran” en el combate contra esta droga.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum respondió con contundencia, afirmando que “México no aceptará chantajes ni injerencias” y que la nación ha hecho su parte con la destrucción de laboratorios clandestinos, el decomiso de cargamentos de fentanilo y el fortalecimiento de la seguridad fronteriza. Sheinbaum exigió reciprocidad y advirtió que Estados Unidos también debe controlar el flujo de armas hacia el sur y enfrentar su propio problema de consumo.
Por su parte, el gobierno de China calificó de “irresponsables” las exigencias de Trump, entre ellas su pedido de que se aplique la pena de muerte a los traficantes chinos. El Ministerio de Exteriores aseguró que Beijing ha reforzado la regulación de precursores químicos utilizados para producir fentanilo y subrayó que la raíz del problema es el mercado estadounidense de consumo, no la producción extranjera.
Ambos países coincidieron en que el enfoque unilateral de Trump no solo es injusto, sino ineficaz. Según datos de organismos internacionales, más del 75 % de las muertes por sobredosis en EE. UU. están vinculadas al fentanilo, pero gran parte del problema radica en la demanda interna, la disponibilidad del fármaco en el mercado negro y la facilidad con que se distribuye dentro del país.
Además, expertos en seguridad internacional advierten que las sanciones económicas propuestas por Trump podrían desencadenar una guerra comercial, afectar las cadenas de suministro y debilitar los esfuerzos multilaterales en la lucha contra el narcotráfico.
Sheinbaum dejó claro que México no aceptará la presencia de tropas extranjeras en su territorio, como algunos asesores de Trump han insinuado en sus propuestas de campaña. En cambio, abogó por acuerdos bilaterales serios que respeten la soberanía de cada nación.
El tono de ambos gobiernos refleja una nueva etapa de firmeza ante la política exterior estadounidense, especialmente en un contexto electoral donde el expresidente Trump busca proyectar dureza. Sin embargo, la crisis del fentanilo exige más que discursos: requiere cooperación real, corresponsabilidad y un enfoque que atienda tanto la oferta como la demanda.
Mientras las tensiones diplomáticas crecen, se prevé una serie de encuentros bilaterales y multilaterales para buscar soluciones conjuntas. Lo que está en juego no es solo la salud pública, sino la relación geoestratégica entre tres de las economías más poderosas del planeta.