Publicado el 08/06/2025 por Administrador
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El queso Roquefort, ícono de la gastronomía francesa, celebra este 2025 un siglo desde que fue reconocido oficialmente con la primera Denominación de Origen Protegida (DOP) en Francia, el 26 de julio de 1925. Con sus raíces en la región de Aveyron y una historia que se remonta al siglo XI, este queso de moho azul elaborado con leche cruda de oveja ha sido durante siglos un emblema del buen comer. Sin embargo, su centenario llega acompañado de un sabor agridulce: el consumo local ha caído drásticamente y el sector enfrenta una profunda necesidad de reinventarse.
Las ventas de Roquefort han bajado un 24 % en los últimos 15 años. De más de 19.000 toneladas en 2007 se ha pasado a 14.400 en 2023. Factores como la pandemia, el aumento del costo de vida, la inflación provocada por la guerra en Ucrania y el cambio de hábitos alimenticios han afectado su demanda. Muchos consumidores, especialmente los jóvenes, optan hoy por quesos más suaves, como la mozzarella o los quesos frescos.
Además, el tradicional consumo de queso al final de las comidas ha disminuido en Francia. Las nuevas generaciones ya no ven en el Roquefort una elección habitual, y la sofisticación de su sabor se ha convertido, paradójicamente, en una barrera de entrada. En un contexto donde la comida rápida y ligera gana terreno, el fuerte perfil del Roquefort parece fuera de moda para muchos.
Frente a este escenario, el sector quesero no se cruza de brazos. La Confederación del Roquefort, que agrupa a productores y afinadores, ha emprendido una estrategia de modernización sin renunciar a la autenticidad. Se están impulsando colaboraciones con chefs, influenciadores gastronómicos y plataformas digitales para acercar el producto a nuevas audiencias.
Una de las apuestas es incorporar el Roquefort en recetas más accesibles y modernas: hamburguesas gourmet, ensaladas frescas, salsas cremosas o incluso reinterpretaciones de postres. La idea es demostrar que el Roquefort no es solo un queso de tabla, sino un ingrediente versátil que puede enriquecer cualquier plato.
Las exportaciones han sido un respiro. En 2023, casi el 30 % de la producción se destinó al extranjero, siendo España el principal comprador. Alemania, Italia, Estados Unidos y Brasil también figuran entre los destinos clave. América Latina representa una región con alto potencial, con países como México aumentando significativamente sus importaciones.
El Roquefort genera cerca de 5.000 empleos directos en la región de Aveyron, donde se encuentra Roquefort-sur-Soulzon, la cuna del queso y sede de las legendarias cuevas naturales donde se realiza la maduración. Estas cuevas, únicas en el mundo, crean las condiciones microclimáticas ideales para el desarrollo del moho Penicillium roqueforti, parte esencial de su sabor inconfundible.
La apuesta por la internacionalización se ve reforzada por tratados como el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, que podrían abrir nuevos mercados, aunque los productores insisten en que cualquier apertura debe proteger la singularidad y los estándares de calidad del producto.
En su centenario, el Roquefort no solo mira hacia el pasado con orgullo, sino también hacia el futuro con inquietud y ambición. Renovarse sin traicionarse es el gran desafío. El equilibrio entre tradición y modernidad marcará el destino de este emblema del savoir-faire francés. ¿Podrá mantenerse como “el rey de los quesos” otros cien años? Todo dependerá de su capacidad para hablarle al paladar —y al corazón— de una nueva generación.